El avance de la chicharrita del maíz ha alcanzado niveles preocupantes en los últimos meses, según el último informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis. Este insecto, conocido por su capacidad para dañar cultivos de maíz tardío, ha mostrado un aumento significativo en su presencia en diversas regiones del país. El fenómeno se vincula directamente con las altas temperaturas registradas en el verano, que favorecen su reproducción y propagación. Además, la amplia extensión de cultivos de maíces tardíos en la región nacional ha sido un factor clave en la expansión del problema.
Según el 35º informe de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, publicado el 10 de febrero de 2026, las poblaciones de este insecto han aumentado considerablemente en el primer mes de febrero. Este aumento es particularmente preocupante en regiones como el centro este y el norte, donde los cultivos de maíz tardío están en su fase crítica de susceptibilidad. Los especialistas alertan que, si no se implementan medidas preventivas adecuadas, el impacto en la producción agrícola podría ser significativo.
El fenómeno no es único a nivel nacional. En el centro sur del país, aunque se mantiene una situación relativamente tranquila, la presencia de la chicharrita ha generado preocupaciones sobre la posibilidad de una propagación hacia zonas más templadas. Los agricultores en estas áreas están revisando sus estrategias para minimizar el riesgo de daños, ya que los efectos de la enfermedad pueden ser graves para los cultivos en su fase de maduración.
Las investigaciones recientes indican que el complejo de achaparramiento, causado por la chicharrita, afecta principalmente a cultivos que han alcanzado una etapa crítica de susceptibilidad. Este proceso, conocido como el complejo de achaparramiento, implica una reducción drástica en la producción y calidad de los cultivos. Según los datos, el 60% de los cultivos afectados presentan síntomas de daño por la chicharrita, lo que representa una pérdida considerable en términos económicos y productivos.
Los expertos destacan la importancia de la vigilancia activa y la implementación de estrategias de control específicas. En el noreste del Chaco y en el norte santafesino, donde el problema está más bien controlado, las organizaciones agrícolas están capacitando a los agricultores en el uso de técnicas de intervención. Estas medidas incluyen la aplicación de insecticidas selectivos y la rotación de cultivos para reducir la presencia del insecto.
Es crucial que los productores y los gobiernos se coordinen para desarrollar políticas efectivas que minimicen el impacto de la chicharrita. El aumento en la presencia de este insecto refleja un desafío que requiere una respuesta rápida y coordinada. Los agricultores deben estar bien informados sobre las señales de alerta y las medidas preventivas que pueden aplicar a sus cultivos.